Ramiro, el periodista del diablo

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Dicen que todo en la vida se paga, y eso no está muy lejos de la realidad, y si no me creen pregúntenle a Ramiro Luévano, el tristemente célebre propietario de medios de comunicación, que, a pesar de contar con riqueza material, la vida le ha golpeado fuerte, juzguen ustedes si se cumple el dicho.

No es un secreto que la figura de Ramiro Luévano y sus empresas periodísticas han destacado entre los medios de comunicación por su política editorial altamente cuestionable, relaciones laborales opresivas y leoninas, problemas legales de propiedad intelectual, escándalos financieros y una lluvia de ataques personales fuera de toda dimensión entre él y sus detractores.

En resumen, por decir lo menos, la carrera mediática de Luévano se antoja oscura y lúgubre, plagada de suspicacias y paranoias, repleta de sospechas y cambiantes líneas editoriales, de millonarios contratos con gobiernos y de un tiraje y ventas muy cuestionables.

Y es que, cuando el río suena es porque agua lleva, basta recordar múltiples testimonios de los trabajadores de las empresas Página 24 y Tribuna Libre, quejándose por las pésimas condiciones en las que laboran, desde los insalubres servicios sanitarios en las instalaciones, bajos sueldos, años sin recibir reparto de utilidades, malos tratos, insultos, incluso teniendo que pagar ellos mismos sus herramientas de trabajo, que al final quedarán en posesión de la empresa, reglas aplicadas a rajatabla incluso a la propia familia del editor, como en el caso de su sobrino Eddylberto quien tuvo que pagar la cámara fotográfica con que trabaja y que finalmente se convirtió en propiedad de la empresa.

Las líneas editoriales que a lo largo de la vida del diario Página 24 y el Semanario Tribuna Libre, han cambiado de rumbo de acuerdo a los intereses del momento, y el monto obtenido por medio de chantajes, así como a los cambios de humor del propietario, mismos que le han creado muchos enemigos poderosos, caso concreto el exgobernador Carlos Lozano a quien atacó sistemáticamente durante el último año de su administración, a pesar de haber recibido cerca de 45 millones de pesos en contratos publicitarios con Gobierno del Estado los años previos, hecho que le valió una de tantas visitas del SAT que lo puso en graves apuros ya que sus balances seguramente resultan muy difíciles de explicar.

Además, se asegura, cuenta en su residencia ubicada en el exclusivo fraccionamiento Los Vergeles con cantidades excesivas de dinero en efectivo, ya que no tiene la manera legal de justificar su ingreso, lo que le impide hacer uso de las cantidades millonarias que ahí resguarda, ya que es imposible que una publicación que no llega vender ni 500 ejemplares diarios, obtenga de las ventas de publicidad comercial y gubernamental las escandalosas cifras provenientes de la extorsión a políticos y funcionarios públicos.

Basta reflexionar sobre la función de su columna El Diablito, y las múltiples ocasiones en que la ha utilizado para agredir arteramente a sus enemigos, incluso a nivel personal, haciendo mofa de tragedias personales con una indescriptible saña, como el caso de Felipe González Jr. donde haciendo uso de un hecho trágico, de forma vil utilizo la información en contra de un padre en luto, o inventando apodos cual vil puberto de secundaria haciendo bulling a quien tenga la osadía de no caer en sus chantajes, colocandole apodos que incluso tengan que ver con alguna alteración física, economica o mental, que en un señor de la tercera edad como lo es él, lo hace verse mal, pero esas solo son acciones dignas de la boca de un demonio con aliento de dragón putrefacto.

Usar a los periodistas como gatilleros coaccionando con información personal y calumnias para abonar a intereses personales no es una práctica ajena para el impresor, aliándose con personajes de su misma calaña, utiliza la tinta de sus publicaciones como armas para obtener lo que desea, incluso pipas de agua para su domicilio (sic).

En el caso de su jefa de información Bernardina (Benny) Díaz, además de atender los intereses de Ramiro, con su página www.noticiasAgs.com se encuentra en la nómina del municipio de la capital, donde con todo descaro y sin ningún tipo de recato y mucho menos de ética periodística se hace del lado de donde haya más chayote de por medio, esta trepadora del periodismo no esconde su relación con Teresa Jiménez y sus obsesiones compulsivas que tenga en la temporada, a grado tal que dice a todo aquel que quiera escucharla, que ella es quien maneja el periódico ya que Ramiro le publica todo lo que ella quiere, tal como se lo dijo ya entrada en copas a Teresa Jiménez en un convivio que la panista ofreció a los reporteros en la pasada Feria de San Marcos; además se dice que Bernardina Díaz mantiene una conveniente y estrecha relación con Felipe Hinojo Alonso líder de la Unión Campesina Democrática (UDC).

De Ramiro, luego de una larga vida de abrirse camino con el mazo y no con la razón, con la farsa y no con la verdad, con la conveniencia y no con la justicia, la vida ha cobrado factura en lo verdaderamente importante, el cuerpo y la mente, en donde su familia ha sufrido las consecuencias de los excesos del editor cuya salud está deteriorada con penoso padecimiento como una severa crisis de hemorroides, que lo han convertido en un ser hediondo, una mente afectada y perseguida por sus propios demonios, una familia dividida y mutilada con la trágica muerte de una de sus hijas y una esposa enferma y sin atención por no querer gastar en revisar su salud, una hija abandonada por el esposo y el cual sigue laborando en el periódico para guardar ¨el qué dirán¨, otra hija que ante sus excesos en fiestas y vicios lo hizo abuelo sin saber quién es el padre del menor, todo esto ante indiferencia de Ramiro hacía su familia, ya que solo se concentra en hacer, hacer y hacer más dinero.

Habría que imaginar que pasa por la mente de este personaje en las madrugadas, solo, con cobardía y sin dar la cara a quienes ataca o chantajea, desde su redacción escribiendo su siguiente nota, revisando sus cuentas y balances financieros, con números que, tal vez, solo tal vez, acallen su conciencia.
Habrá que preguntarle, ¿las cuentas de la vida te han salido bien Ramiro?